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A mi Entender

“Una maestra que canta” cumple, sus 80

“Una maestra que canta” cumple, sus 80

       

 

Escrito por Redacción Radio 26    

 

Teresita Fernández, Premio Nacional de Música 2009

Cómo no va a cumplirlos sin falta si es lunes, primer día de clases en la semana y todos los animalitos, todas las enredaderas y cachivaches que asoman en sus canciones deben haber anotado el 20 de diciembre en sus libretas junto al resto de las fechas significativas que los escolares eternos habrán almacenado y tendrán muy presentes para respetarlas y conmemorarlas como corresponde. Ella no puede fallarles, así que desde muy tempranito, mucho antes del cafecito con leche, comenzarán a sonarle los oídos con los cantos que, uno a uno,  estarán entonando las ranas, los grillos, los pequeños y sus mayores, para alegrarle el día a la maestra que canta.

 

 

Entre los niños que recibieron de primera mano la maravilla de este cancionero infantil que no vino empaquetado por mamá, por la tía o la abuelita sino firmado con nombre y apellido por Teresita, una muchacha de Santa Clara, amiga de las Hermanas Martí en los años sesenta del siglo XX, figuran algunos abuelos jóvenes de hoy, protagonistas -en tanto cantores–de aquella especie de magistral ópera prima donde la flora y la fauna de una isla toda se reparten por el aire enganchadas en las cuerdas de una guitarra -que para eso son de alambre-y agrandándose desde su caja de resonancia, mientras  suenan a gloria enarboladas por el vozarrón tierno, enérgico y apasionado de una mujer a ratos aniñada, a ratos sentenciosa en su manera sencilla y contundente de  esgrimir todo lo que vale la pena tenerse en cuenta por lo grande o por lo pequeño, por lo espectacular o -en apariencia-insignificante.

 

Para quienes éramos jóvenes como ella, abrió también en aquellos tiempos unas cuantas ventanas enseñándonos, sin rebuscamiento o pedantería, a ver un poco, y a veces bastante, más allá de lo que solía introducirse en el binomio letra-música. Aparecían de pronto, en medio de un sistema melódico y armónico nada usuales, apreciaciones que iban desde “la puerta de mi hogar ha sido un álamo” hasta el retador “juega conmigo, que soy de trapo y si lloro son lágrimas de aserrín” y nos quedábamos lelos, calladitos y con ganas de copiar todas las letras y aprender al dedillo las melodías.

 

El mundo está lleno de almas vivientes que fueron a El cocktail; yo me había vuelto estudiosa –con eso de aprender a escribir la música– y ya apenas salía de noche pero siempre hice el esfuercito para darme un salto a Monseigñeur( Chez Bola y conocerla personalmente aunque no fuera su noche de actuación y no paré hasta la salita de Bellas Artes, donde se anunciaba un recital suyo que no pude menos que reseñar para La Gaceta de Cuba. Estábamos en octubre de 1965. En diciembre de 1990, a propósito de su cumpleaños 60, decidí invitarla a mi peña para festejarlos con ella. Yo le había encargado a Pável Urquiza un arreglo de Lo feo para ofrecérselo como regalo a Teresita y fue así como surgió esa bella versión que, al igual que la canción y su dueña, irradian  energía y nobleza aptas para todas las edades. En ella podemos escuchar a Gema y Pável junto a dos flautistas por aquel entonces estudiantes y hoy dos señoras profesionales: Floraymed Fernández y Edelmis Pedroso. Lamentablemente, no recuerdo el nombre del violinista amigo de Pável a quien escuchamos más de una vez en aquellos sábados felices entre personas de todas las edades que se acercaban desde los más distantes puntos de la ciudad hasta la mata de zapote del viejo patio en El Vedado, donde nos estuvimos dando cita por un buen tiempo.

 

Todavía no estamos a lunes 20 de diciembre de 2010 y ya la cola da la vuelta a una manzana y a otra y amenaza con bloquear la entrada al Stadium de El Cerro. Eso sí va a ser un gran coro para darle gracias -disciplinadamente– a golpe de canciones y desearle felicidades a Teresita Fernández en sus 80. Yo no  me quedo fuera: “¿Quién es el último?”

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