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Tripulantes de una avioneta sobreviven a aterrizaje forzoso en medio del Escambray

16 Febrero 2012    

Por Gisselle Morales
Diario Escambray, Sancti Spíritus

Tres tripulantes de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos (ENSA) que viajaban a bordo de la avioneta tipo AN-2CX salieron ilesos tras un aterrizaje forzoso en la zona de Jibacoa, cercana a Topes de Collantes, en la cordillera del Escambray.

 

Tres tripulantes de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos (ENSA) que viajaban a bordo de la avioneta tipo AN-2CX salieron ilesos tras un aterrizaje forzoso en la zona de Jibacoa, cercana a Topes de Collantes, en la cordillera del Escambray.

Cuando Rubén Ramírez Sánchez se percató de que los instrumentos de su avioneta AN-2CX se estaban volviendo locos, ni siquiera atinó a encomendarse a todos los santos: “Si le digo que me acordé de la familia o que me puse nervioso, le estaría mintiendo. Allá arriba uno está tan tenso que no piensa en nada”, declaró al diario Escambray digital una vez en tierra y todavía sin creerse el héroe que en realidad es.

“Ahora me dicen San Valentín, porque logré salvar a la tripulación y aterrizar la avioneta sin mayores daños, justo el 14 de febrero”, añade, consciente de que las probabilidades le jugaban en contra: la temperatura del aceite aumentando, la tercera parte del combustible en el tanque y, a sus pies, el relieve abrupto del Escambray, escenario en el que un aterrizaje forzoso hubiera tenido más bien pinta de suicidio.

Pero sus 30 años de experiencia en las lides del pilotaje le sirvieron para mantener a la tripulación libre de pánico, hacer planear el avión a 600 metros de altura y disminuir al máximo la velocidad hasta caer de panza en el valle de Jibacoa, una suerte de llanura en medio de la serranía que le permitió aterrizar sin un solo rasguño ni daños de envergadura en la nave.

La avioneta pertenece a la Empresa Nacional de Servicios Aéreos, subordinada al Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba (IACC), y prestaba servicios de distribución de la prensa en la cordillera de la región central de la isla.

Pocos minutos después y sin salir aún del estupor, ya había llegado caminando hasta el teléfono más cercano para sacar de la incertidumbre a la torre de control: “No se preocupen, nada nos pasó”.

16/02/2012 23:13 amientender Enlace permanente. sin tema

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