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Verdes Verdades.Entrevista a Enrique Pineda Barnet

 Verde verde, de Enrique Pineda Barnet. Es el segundo filme cubano con temática gay.

Le propongo esta entrevista al director de la película, del 11 de abril de 2011:

VERDES VERDADES ENTREVISTA A ENRIQUE PINEDA BARNET

Por Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco

Siempre resulta difícil escribir sobre una película que aún no se ha estrenado. Es como desandar una cuerda floja o cruzar unas gigantescas arenas movedizas. Pero si esa película se llama Verde verde y está dirigida por Enrique Pineda Barnet, lo resulta aún más. Podríamos intentar el camino fácil y comenzar diciendo que en un sórdido bar del puerto, Alfredo, un hombre de 48 años, paramédico de navegación mercantil y trotamundos, conoce a Carlos, un atractivo machazo treintañero, técnico en informática. Podríamos también señalar que ese encuentro será la génesis de una lucha de opuestos. Y aunque nada de ello pecaría de incorrecto, no rozaríamos, ni por asomo, las esencias de Verde verde.

Enrique Pineda Barnet.

Los riesgos consustanciales a cualquier proyecto cinematográfico anterior de Enrique Pineda Barnet, se densifican esta vez y logran romper las ataduras con sus precedentes. Un espectador ingenuo pudiera augurar el más rotundo de los fracasos, porque, a fin de cuentas, la homosexualidad «ya ha sido tocada otras veces en el cine cubano». En la Isla, como se sabe, basta que un creador se concentre en una problemática, para que se tienda una especie de velo de protección sobre ella. Es como si por un acuerdo tácito y no firmado, volver sobre antiguos derroteros, aun desde perspectivas diferentes, fuese poco menos que una concesión artística o una falta de originalidad. Pineda Barnet trasciende esos reparos y tras su largo camino recorrido, da la orden para que se proyecten unos hondos desgarramientos, que comenzaron a crecer desde hace mucho, antes de 1950, cuando un joven de aspecto efébico recitaba en el Instituto de la Víbora Elegía del condenado, mientras Carlos Piñeiro interpretaba al piano La catedral sumergida, de Debussy.

Verde verde se revela como un juego de infinitos símbolos. El director vuelve el rostro, hurga en su biblioteca cuasi renacentista, no solo física, sino también emotiva, y nos sitúa, junto con Carlos, entre las fantasmagorías que el personaje ha de recorrer para exorcizar, si es eso posible, sus pánicos ancestrales. Con él acaso también tenderemos las manos suplicando ayuda, en un gesto que ya Dante hizo a Beatriz, y Don Juan, a Sor Juana Inés. Miraremos tratando de descifrar las claves en medio de ese ambiente onírico y fantasmal, situado en un no-lugar y acaso hasta en un no-tiempo. Y como en un cuadro de El Bosco, aparecerán los furtivos hombres solitarios de Rocío García, calculándose a distancia o brindando en nombre de las penas y la felicidad. En el estudio rojizo de Alfredo, como las Isadoras de La Bella del Alhambra, surgirá transfigurado un Ícaro caído de Evelio Lecour, que se cubre el rostro con sus alas de cera, de vergüenza por haber volado demasiado cerca del Sol, recordándonos, quizás, que son imposibles las evasiones cuando se pretende salir de un laberinto. Vuelven, aunque se detecten bajo una pátina de invisibilidad, los esperpentos de Antonia Eiriz con toda su intensidad descarnada; las damas enigmáticas de Toulouse-Lautrec diluidas en las orgías parisinas; los desnudos masculinos y femeninos de Egon Schiele, evocando un erotismo que nos advierte de la amenaza de la muerte y la soledad.

En Alfredo y en Carlos reencarnarán los sufrimientos de los personajes, eternamente iniciadores e iniciados, de Pier Paolo Pasolini en Actos impuros y Amado mío, y todas las lecturas compulsivas de Pineda Barnet: desde la Biblia, pasando por el Reinaldo Arenas de Antes que anochezca e Inferno, hasta el José Lezama Lima de Paradiso, el Herman Hesse de El lobo estepario y el Romain Rolland de Juan Cristóbal. Porque todo en Verde verde nos remite a un referente. No obstante, esa compleja urdimbre, ese tránsito cultural contaminado, confluyente, afortunadamente caótico, se resuelve con la aparente simplicidad de una trama lineal, donde asistimos a un duelo sensual, del que poco a poco va emanando un dolor que nos pertenece como herencia maldita, porque se instala y se hace inamovible. Continuar leyendo »

15/12/2011 06:24 amientender Enlace permanente. sin tema

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