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Cultura cubana: aquí y ahora






Cultura cubana: aquí y ahoraDicen algunos que es persona con cultura, solo aquella capaz de llorar con una ópera, y erizarse presenciado el ballet; quien descubre trazos de su propia vida en el recorrido sobre lienzos del más intrigante pincel, o que solo es ilustrado quien haya leído a Whitman o Joyce.

Valdría recordar entonces al instruido dirigente que, un día frente a campesinos y con emotivas palabras, sugirió no tocar ni una sola yuca de una carreta, pues se debían sembrar para multiplicar el alimento. Porque no es culto quien desconoce que el portento de la rosa esconde el bello secreto de la raíz, como quien se cree capaz de dar lecciones de cultivo a quienes no desechan los cangres tras la última cosecha.

Tenemos entonces que la cultura de un pueblo es más que las elevadas poses de sus hijos más letrados, o los falsos regodeos con los frutos de sus máximos artistas. La cultura es esa suerte de memoria colectiva que asegura la permanencia auténtica de un pueblo con el paso de los años. Esa especie de código genético de una sociedad, que conserva cada generación para no desaparecer, y asegurarse así la autenticidad de ser aquí y ahora.

Cuba, pequeño segmento de tierra en el mar, se aseguró un día el derecho a llevar un nombre propio. Con la mezcla de procedencias, el indio, el ibérico, el negro y hasta una pizca de chino se mezclaron en el color criollo. Tuvimos nuestros platos, nuestros cantos y rituales, y hasta el Santiago apóstol de la tradición hispana cedió ante los bríos de una Virgen mambisa, de caridades llena.

Y una bandera se alzó en la manigua mientras el clarín removía el óxido de las viejas armas y hacía temblar de pavor a los asesinos de Hatuey.

Cuando Abdala cantó a su madre el gran amor que le brotaba, no ya por la tierra que pisaban nuestras plantas, la suerte estaba echada, y nada ni nadie detendría la posibilidad, antes negada, de ser nosotros mismos. Ni siquiera las águilas imperiales o los usureros buitres, que devoran a los pueblos.

Nunca fue más Patria la cubana, que cuando amaneció un nuevo año para todos, lo mismo para el guajiro hasta entonces olvidado en la montaña o en la ciénaga, que para una Alicia dispuesta a bailar otra vez, y para multitudes.

Eso es nuestra cultura, no la suma mecánica de creaciones y artistas, sino la bella complejidad de lo que somos y hacemos todos como cultores cotidianos de una obra común.

Por supuesto que se honra con una novela de Carpentier o de Lezama, un verso de Martí, de Guillén o de Eliseo como lo hace con la tonada de ese sencillo repentista de barrio, cuando cae la tarde. Con el memorable desempeño de las cuatro joyas de nuestro ballet, que con la gracia cubana de una joven que baila rumba en un solar habanero insinuando sus mejores joyas corporales.

Nada excluye, la cultura a todos nos une. Este día nos amarra, nos llama como aquel himno de combate necesario a la defensa de la nación, con su mejor escudo.

20/10/2011 06:38 amientender Enlace permanente. sin tema

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