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La Habana: capital mundial del medio ambiente

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Reconocen en la VIII Convención de Medio Ambiente y Desarrollo al sistema cubano de áreas protegidas, y entre ellas al parque nacional Alejandro de Humboldt, en el oriente del país, que almacena en sus entrañas casi 17 millones de toneladas de carbono.

La confluencia en la VIII Convención de Medio Ambiente y Desarrollo, de ministros de América Latina, África y Asia, de directivos principales de convenciones y organismos internacionales, y de expertos de primer nivel en el tema, ha convertido a La Habana por estos días en la capital mundial del medio ambiente.

Como preludio de la reunión Río+20, a celebrarse el próximo año en Brasil, los casi mil delegados de más de una treintena de países se han pronunciado por la urgencia y deber de las presentes generaciones de evitar el colapso ambiental del planeta.

No es una especulación. Será inevitable si se continúa con las políticas y tendencias actuales de la humanidad, tanto industriales como de consumo, en especial en los países primermundistas. Hoy, por ejemplo, la presión del hombre sobre el planeta es el doble de la que se ejercía medio siglo atrás, por lo que su capacidad de regeneración de vida se ha reducido en un 50 por ciento.

Es consenso que son los países industrializados los que han generado la mayor parte de la contaminación del medio ambiente global, como la emisión de gases de efecto invernadero y su resultado, el calentamiento global.

«En el caso de las emisiones de CO2, les corresponde alrededor del 58 por ciento, y solo EE.UU. emite cerca de la cuarta parte de este», recordaba la doctora Gisela Alonso, líder de la Agencia de Medio Ambiente de Cuba.

Según la Agencia Internacional de la Energía, en 2010 se ha alcanzado en el mundo un récord de emisiones de gases de efecto invernadero, con 30,6 gigatoneladas, que constituye un cinco por ciento más de lo reportado en 2008, agregó la experta.

Ahmed Djoghlaf, secretario ejecutivo de la Convención de Diversidad Biológica de la ONU, indicó que la biodiversidad se está perdiendo a una velocidad vertiginosa. Y ningún país ha detenido o reducido esta tendencia. «La pérdida de la biodiversidad no solo no se detiene, se acelera», alertó.

El principal ejecutivo institucional a nivel mundial en estos asuntos agregó que dos tercios de todos los ecosistemas del planeta muestran un estado avanzado de deterioro.

«Los daños serán irreparables e irreversibles si las cosas siguen como van», dijo. «El estado del planeta está determinado por lo que los seres humanos —solo una de los millones de especies conocidas y desconocidas que habitan la Tierra— hagan», alertó.

Djoghlaf indicó también que la generación contemporánea ha generado la situación actual. Y solo ella es la que puede resolver la crisis. O acabar de destruir nuestro universo tal como hoy se conoce. Es necesario —abundó— que la humanidad cambie de paradigma, reconectar al hombre con la naturaleza.

Cuba y sus áreas protegidas

La víspera quedaron establecidos, en el marco de la VIII Convención de Medio Ambiente y Desarrollo, el III Congreso sobre manejo de ecosistemas y biodiversidad, y el VII Congreso de Áreas Protegidas, con la asistencia del Comandante de la Revolución Guillermo García Frías, y José Miyar Barruecos, titular del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

En el evento, el profesor Nikita Lopoukhine, presidente de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas (CMAP), reseñó el más reciente informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), según el cual, de 44 838 especies evaluadas, 16 928 están amenazadas de extinción. De ellas, 3 246 están críticamente amenazadas; 4 770, amenazadas; y 8 912 son vulnerables a la extinción. Y la cifra crece por año.

Durante su conferencia magistral, Lopoukhine felicitó a Cuba por su Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Resaltó el ejemplo y liderazgo internacional del país antillano, donde existen 253 áreas protegidas, que ocupan casi el 20 por ciento del territorio nacional, incluyendo la plataforma insular marina.

Al resaltar el papel de estas áreas en la protección y conservación de los ecosistemas y la biodiversidad, y en el saneamiento del planeta y la adaptación y mitigación del cambio climático, puso como ejemplo el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en el extremo oriental de Cuba.

Según el mapa global de almacenamiento de carbono, esta área protegida, asiento de una de las principales zonas boscosas del archipiélago, almacena casi 17 millones de toneladas de carbono.

Esto revela —explicó— cuánto ayudan a los países y al planeta en general el establecimiento de las áreas protegidas.

Para comprender y sensibilizar aun más sobre tales cifras, Lopoukhine explicó que, según algunos cálculos, una tonelada métrica de carbono equivale a 3,67 toneladas de CO2, por lo que, según esta ecuación, solo el Parque Nacional Alejandro de Humboldt ha secuestrado a la atmósfera más de 62 millones de toneladas de este gas de efecto invernadero.

(Con información de René Tamayo. Periódico Juventud Rebelde)

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